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lunes, 2 de noviembre de 2009

Día de Todos los Santos y Día de los Fieles Difuntos

Como complemento a lo ya publicado me permito la licencia de reproducir este interesante artículo de Francisco Javier Calixto publicado en Tele Actualidad.com, muy e clarificatorio en cuanto en cuanto a las dos fiestas que se celebran estos días : la De todos  Santos y la de Difuntos

Francisco Javier Calixto Munguía

En nuestro archipiélago canario, una gran parte de nuestras tradiciones son al mismo tiempo tradiciones religiosas y nuestros días festivos, en su mayoría son al mismo tiempo celebraciones festivas religiosas. Todo esto reside en que el catolicismo, se ha hecho cultura en nuestra sociedad y como forma parte de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, por ello la mayoría de los canarios/as, nos preparamos para celebrar estas celebraciones religiosas populares.

Debido al carácter cultural, los comportamientos religiosos populares se transmiten de una generación a otra, por ello todos los que han nacido en la sociedad que los celebra, sienten y viven estas tradiciones como algo propio, algo que les pertenece, sean creyentes o no.

Cementerio de Las Palmas

¿Porqué existe la cconfusión generalizada entre el Día de todos los Santos, con el Día de los Difuntos?

El Día de Todos los Santos
Durante la persecución del emperador Diocleciano, hubo tantas muertes que no se podían conmemorar todas una por una y Santo por Santo, en este día se conmemora la festividad de todos los santos. Así surgió la necesidad de organizar una fiesta común que pudiera rememorar a todos y eso ocurrió a partir del siglo IV. También el Papa Bonifacio IV (615), transformó un Panteón Romano en un templo cristiano y lo dedicó a “Todos los Santos”. La fiesta inicialmente se celebraba en el mes de mayo hasta que el Papa Gregorio III (741), la cambió al 1 de noviembre, fecha que ha venido celebrándose hasta nuestros días.

En mi familia, como sucede en la gran mayoría de las familias canarias, este día es un día de recuerdo para con nuestros seres queridos que ya no se encuentran aquí, en la vida terrenal. La cultura religiosa popular impone que visitemos sus tumbas y les llevemos flores.

Pero cada año que pasa, veo que siguen muchas personas por estas fechas comprando flores y visitando la tumba de sus parientes, pero cada año en menor número debido por una parte al aumento de las incineraciones frente a los inhumaciones, y por otro parte, porque cada día con mayor normalidad, esta sociedad sigue evolucionando y viviendo este día en consonancia a un criterio más laico.

Los cementerios de nuestras ciudades y pueblos, en estos dos primeros días del mes de noviembre, se convierten en la inmensa plaza pública donde se presentan las más inusitadas manifestaciones y los más extraños encuentros entre los vivos y los difuntos. El ruido de las grandes ciudades se traslada hasta nuestros cementerios que se convierten en lugar de múltiples reencuentros. En este día se expresa la máxima del sentir popular “más vale llevarse bien con los muertos”.

Los cementerios están repletos de simbologías, se representa por un lugar cerrado, lúgubre, donde moran los difuntos. Está separado normalmente del mundo de los vivos por una elevada tapia que disimula o esconde a la vista, la fría arquitectura funeraria y es reconocido por los espigados cipreses que lo circundan en la gran mayoría.

La piedra de las tumbas invita a su perennidad, las señas labradas, y la imagen o fotografía del difunto manifiestan una simbología determinada, la perpetuación, en este otro mundo, de su memoria.

El enterramiento de nuestros seres queridos sugiere una idea de sacralidad conectada a cierta reflexión más allá de la vida cotidiana. En contrapunto Freud, “opinaba que la creencia en la continuidad de la existencia del difunto revela una incapacidad para aceptar la prueba de la realidad”.

Uno de los cementerios canarios más concurrido en éstas fechas, junto a otros, es el de San Lázaro, en Las Palmas de Gran Canaria. Para un muerto, estar enterrado en el más representativo de nuestros camposantos, como es el caso del Cementerio de Vegueta, de Las Palmas de Gran Canaria, es señal de distinción y rancio abolengo, aunque sea en uno de los infinitos nichos y no digamos si lo hace en una de las tumbas de la parte noble.

El cementerio civil, El British Cemetery, situado en la Vega de San José, en Las Palmas de Gran Canaria, popularmente conocido como el Cementerio Inglés, surge de la necesidad de dar sepultura a la colonia de ingleses en nuestra isla, bajo el rito protestante, un hecho que causo una gran conmoción fue: “al fallecer la esposa de Benjamín Walter fue denegada la solicitud de enterrar su cuerpo en el Cementerio Católico de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria por lo que el 9 de febrero de 1829 fue enterrada, de acuerdo con los ritos protestantes, en los extramuros de la propia ciudad.

Dentro de este cementerio Ingles, existen también tumbas de personas de origen israelí, noruego, alemán y holandés, dado que eran personas que no estaban bautizados bajo el signo católico.

A parte, de visitar los cementerios, también a modo de ofrenda se llevan flores a los difuntos. Las coronas, los ramos, los centros, son los elementos estéticos que poetizan la arquitectura fría de una tumba. Las flores más características son el clavel y el crisantemo, por estas fechas se llega por lo menos a triplicar su precio. Antiguamente, las flores cumplían la función de enmascarar el olor a descomposición del muerto.

Otro elemento simbólico que se hace manifiesto este día son las velas y las lamparillas de aceite, cuenta la tradición, que las mismas se utilizan para iluminar, el camino que tenían que seguir las almas de los difuntos para llegar a ese otro mundo.


El Día de Todos los Fieles Difuntos
En el año 998, San Odilón, abad del Monasterio de Cluny, en el sur de Francia, añadió la celebración del 2 de noviembre como fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada Fiesta de los "Fieles Difuntos". Este día se celebra siempre el 2 de noviembre, excepto que este día sea un domingo, donde entonces es trasladada la celebración al día siguiente.

Se llama Iglesia a la asociación de de los que creen en Jesucristo. La Iglesia se divide en tres grupos:
Iglesia triunfante: Donde se encuentran todos los que ya se han salvado y están en el cielo ( la cual se festeja el día 1 de Noviembre, día de todos los santos).

Iglesia militante: Los que estamos aquí en la tierra luchando diariamente por hacer el bien y evitar el.


Iglesia sufriente: Los que se encuentran en el purgatorio, donde están purificándose de sus pecados.


En 1.992, el Papa Juan Pablo II, publica el Catecismo de la Iglesia Católica, en el nos dice cinco cosas sobre el Purgatorio:
“1ª. Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (1030).
2ª. La Iglesia llama Purgatorio a esa purificación, y ha hablado de ella en el Concilio de Florencia y en el Concilio de Trento. La Iglesia para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: "La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego". (1Cor. 3, 14).
3ª. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º. de los Macabeos en la S. Biblia dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados" (2Mac. 12, 46).
4ª. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos (Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma").
5ª. San Gregorio Magno afirma: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".

De San Gregorio se narran dos hechos interesantes. El primero, que él ofreció 30 misas por el alma de un difunto, y después el muerto se le apareció en sueños a darle las gracias porque por esas misas había logrado salir del purgatorio. Y el segundo, que un día estando celebrando la Misa, elevó San Gregorio la Santa Hostia y se quedó con ella en lo alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto tiempo con la hostia elevada en sus manos, y les respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio". Desde tiempos de San Gregorio (año 600) se ha popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las benditas almas.

La respuesta de San Agustín: a este gran Santo le preguntó uno: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?", y él le respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".
Los muertos nunca jamás vienen a espantar a nadie, pero sí rezan y obtienen favores a favor de los que rezan por ellos.

Cada uno se presentará ante el tribunal de Dios para darle cuenta de lo que ha hecho, de lo bueno y de lo malo (S. Biblia).


Francisco Javier Calixto Munguía es consejero general de Servicios Funerarios Islas Canarias.

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